Un gran error
Israel cometió un error estratégico al iniciar la guerra
¿Cómo se puede medir el éxito de algo -, de cualquier cosa?
Sin saber primero qué se deseaba alcanzar - o hacia dónde se quiere ir -, ¿cómo podemos saber si estamos en el camino correcto?
Un objetivo proporciona una dirección. Sin objetivos, se navega en la obscuridad.
Hace ocho días el gobierno de Israel atacó a Irán. ¿Cuál fue el propósito? ¿Destruir el programa nuclear de Irán?
Después de múltiples rondas de bombardeos de la aviación de Israel, no lo lograron. Hace cuatro días Israel solicitó la ayuda de los Estados Unidos.
Si las instalaciones de producción de uranio enriquecido en Irán estuviesen destruidas, entonces, ¿para qué solicitar la ayuda?
¿Cuál era el propósito? ¿Provocar una sublevación interna y derrocar al gobierno del Ayatola Khamenei?
Eso está lejos de suceder.
Las manifestaciones en Tejrán con decenas de miles de personas, condenando los ataques de Israel, han tenido el efecto contrario. Los bombardeos han fortalecido el liderazgo de Khamenei.
Entonces, ¿Cuál era el objetivo? ¿Decapitar la cúpula militar de Irán?
En las primeras 24 horas varios líderes militares de Irán fueron asesinados. Sin embargo, los reemplazos fueron nombrados, y esto no disminuyó la capacidad de combate.
Entonces, ¿Qué se deseaba? ¿Derrotar militarmente a Irán?
Esto está lejos de suceder. Las fuerzas aero-espaciales de Irán lanzan a cualquier hora misiles balísticos y drones sobre las ciudades de Israel.
Según la revista “Janes Defense Weekly”, el gobierno de Irán cuenta con 950 mil hombres en sus fuerzas armadas. Los reservistas militares llegan a 2 millones de soldados.
¿De verdad alguien podría creer que un país con un ejército de casi 3 millones, con 92 millones de habitantes y 1.8 millones de kilómetros cuadrados, puede ser derrotado en meses?
Israel subestimó el poder militar y político de Irán. Esto fue un error estratégico.
La economía de Israel está paralizada. Su principal aeropuerto: cerrado. Su mayor puerto marítimo (Haifa): desierto.
El turismo se desplomó. La inversión extranjera huyó. La vida nocturna desapareció.
Las calles desiertas de Tel-Aviv, alzan su silencio, a manera de reproche contra la insensatez de su gobernante. Porque inició una guerra que no puede ganar.


